Explorando la ira: Vivir con Trastorno Explosivo Intermitente (TEI)

Tal vez en muchas ocasiones hemos considerado que algunas personas suelen ser temperamentales o impulsivas por su forma de reaccionar ante diversas situaciones o problemáticas, donde tal vez lo hacen de una forma desproporcionada e impulsiva, sin embargo podría tratarse de un posible diagnóstico de un trastorno explosivo intermitente del cual hablaremos a continuación para conocer sus características, posibles estrategias y herramientas para abordarlo y de ser necesario buscar una ayuda profesional que nos oriente al respecto.

¿De qué se trata el TEI?

En el Manual Diagnostico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM – 5) refiere que este se caracteriza por la aparición de arrebatos recurrentes en el comportamiento que reflejan una falta de control de los impulsos de agresividad, se pueden presentar:

  • Agresiones verbales (p. ej., berrinches, disputas verbales o peleas).
  • Agresión física contra la propiedad, los animales u otros individuos, esta no provoca daños ni destrucción de la propiedad, ni provoca lesiones físicas (empujones, sacudidas).
  • La magnitud de la agresividad expresada es desproporcional con respecto a la provocación.
  • No son premeditados, son impulsivos o provocados por la ira.
  • Provocan un marcado malestar en el individuo.
  • Pueden alterar su rendimiento académico, laboral o sus relaciones interpersonales.

En el espacio terapéutico he tenido la oportunidad de contar con diversos casos tanto de infancia y adultez que presentan este diagnóstico, aunque no se sabe una causa concreta, este se puede presentar debido a contextos familiares o de crianza con alta normatividad y autoridad respecto a las pautas de crianzas y poca afectividad, lo cual genera exposición a entornos hostiles actuando como ejemplo en cuanto a estrategias de afrontamiento o de resolución de conflictos, generando una baja o nula regulación emocional, con reacciones impulsivas y desproporcionadas ante diversas situaciones presentadas.

“Los adultos con TEI reportan con mayor frecuencia maltrato físico, abuso sexual y emocional durante la infancia y exposición a traumas, como guerras, accidentes y desastres, así como una percepción de la conducta y la actitud de los padres durante la crianza en la infancia compatible con vínculo ausente o débil y control sin afecto.”

Zapata y Palacio, 2016

Factores de riesgo

Teniendo en cuenta que los factores de riesgo hacen referencia a toda circunstancia o situación que aumenta la probabilidad de que algo se presente, resulta pertinente mencionar aquellos que pueden prevalecer el desarrollo de un posible TEI, entre estos encontramos:

  1. Las condiciones de vida a las cuales puede estar expuesta una persona, el crecimiento en entornos hostiles, con comportamientos explosivos, posibles abusos verbales y físico.
  2. Los niños que ven o pasan por este tipo de violencia a una edad temprana tienen más probabilidad de tener las mismas características cuando crecen.
  3. Antecedentes de maltrato físico
  4. Ser víctimas de acoso escolar o pasar por otros eventos perturbadores o dolorosos.
  5. Antecedentes de otras afecciones de salud mental, que incluyen comportamientos disruptivos, así como lo menciona Carrillo (2017) en su investigación “la comorbilidad es otro factor que pone en mayor vulnerabilidad a los adolescentes afectados”.
  6. Problemas con el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas.

“Algunos factores de riesgo son ser parte de una familia disfuncional, las familias desintegradas, el distanciamiento emocional, la violencia intrafamiliar, y con poca influencia el factor económico familiar”.

(Aguilar, 2012 citado por Carrillo, 2017)

Aunque este trastorno puede hacerse presente a partir de los 6 años de edad, existe una mayor prevalencia en la adolescencia temprana, donde “la mayor población en riesgo son los hombres entre 12 y 13 años de edad” (Carrillo, 2017), lo cual también es sustentado en la investigación realizada por Zapata y Palacio (2016) quienes refieren “se ha demostrado que el trastorno es más frecuente entre los varones, lo que indica cierta predisposición biológica a reaccionar de manera agresiva”.

Aunque esta sintomatología y patrones de comportamiento puedan considerarse de difícil manejo y elaboración, existen herramientas y procesos que permiten una mejoría notable en el manejo emocional, el control de impulsos y la agresividad, lo cual a su vez genera un restablecimiento en los ámbitos académicos, laborales y sociales de los inidividuos.

Recomendaciones y herramientas que pueden ser útiles en el TEI

  1. Iniciar un proceso de psicoterapia con un enfoque cognitivo conductual.
  • Orienta en la identificación de situaciones o comportamientos que pueden desencadenar una respuesta agresiva.
  • Orienta en el uso y practica de técnicas de regulación emocional y técnicas de relajación para generar estados de calma.
  • Lleva a cabo procesos de reestruturación cognitiva lo cual desarrolla la capacidad de pensar de forma diferente ante situaciones frustrantes.
  • Orientación en resolución de problemas y conflictos a través de la comunicación asertiva.
  • Practicar las habilidades y herramientas que se aprenden en el proceso de intervención psicológica.
  • En compañía de tu psicólogo/ga construir un plan de acción para cuando estos episodios se presenten o en situaciones que crees que podrías perder el control, el cual te permita regularte.
  • Tener una adecuada rutina de autocuidado que incluya dormir lo suficiente, comer de forma sana y balanceada, hacer ejercicio, implementar técnicas de relajación en el día a día.
  • Evitar el consumo de alcohol o sustancias psicoactivas, ya pueden aumentar la agresividad y el riesgo de arrebatos explosivos.
  • En algunos casos se recomienda el uso de medicamentos psiquiátricos, el cual de ser necesario debe ser recomendado por los profesionales de la salud correspondientes como los psiquiatras.

Si consideras que tú o alguien cercano puede estar presentando esta sintomatología recuerda buscar ayuda profesional de manera oportuna para que puedan realizar un proceso de intervención eficaz y a su vez contar con la disposición e involucramiento necesario para así lograr cambios y mejorías.

Referencias

Aguilar Navarro, R. (2012). “Trastornos de adaptación y trastornos de la personalidad en internos procesados en un centro de readapatacion social del estado de México” en Revista Psiquiatria.com, Vol. 16. Disponible en: http://hdl. handle.net/10401/5791

Zapata, J. P. y Palacio, J. D. (2016). “Trastorno explosivo intermitente: un diagnóstico controversial” en Revista Colombiana de Psiquiatría, Vol. 3, No. 45.

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